lunes, 23 de enero de 2012

CENDRARS NOS PRESENTO A MORAVAGINE, Y URDIALES DEJO EL MANICOMIO

Pronto estaremos con BLAISE CENDRARS, leeremos sus poemas, nos romperemos el alma en cachos para saber que tiene de espejo, y ya veremos...(aquí hay unas notas sobre Blaise que el que las lea ya no podrá dejar de leer al hombre que siembra cenizas, ascuas en tu corazón.
Y a ti las gracias por este hermoso mapa del amigo con el cual el viaje son todas las derrotas.


(Traducción de la PROSA DEL TRANSIBERIANO DE ADOLFO GARCIA ORTEGA)
 Blaise Cendrars
 

p r o s a  d e l  t r a n s i b e r i a n o
y d e  l a  p e q u e ñ a  j e a n n e  d e  f r a n c i a

                                                                                                  Dedicado a los músicos


En aquel tiempo yo estaba en plena adolescencia
Tenía dieciséis años y había olvidado mi infancia
Me encontraba a 16.000 leguas de donde nací
Estaba en Moscú, en la ciudad de los mil tres campanarios y de las siete
/estaciones
Y no tenía bastante con siete estaciones y mil tres campanarios
Porque mi adolescencia en aquella época era tan alocada y ardiente
Que mi corazón unas veces ardía como el templo de Éfeso y otras
/como la Plaza Roja de Moscú
Cuando el sol se oculta.
Y mis ojos alumbraban viejos caminos.
Y yo era entonces tan mal poeta
Que no sabía llegar hasta el final de las cosas.
El Krémlim era como un inmenso pastel tártaro
De oro sabroso,
Con las grandes almendras de las catedrales completamente
/blancas
Y el dorado almíbar de las campanas...
Un anciano monje me leía la leyenda de Novgorod
Yo tenía sed
Y descifraba caracteres cuneiformes
Luego, de pronto, las palomas del Santo Espíritu echaban a volar por
/la plaza
Y mis manos volaban también, con rumor de albatros
Y ésas fueron las últimas reminiscencias del último día
Del ultimísimo viaje
Y del mar.
Sin embargo, yo era muy mal poeta
No sabía llegar hasta el final de las cosas.
Tenía hambre
Y habría querido beberme y romper luego todos los vasos y todos
/los días y todas las mujeres en los cafés
Y todos los escaparates y todas las calles
© Adolfo García Ortega
La palabra ajena (Antología privada de poetas extranjeros)
Descargado de www.adolfogarciaortega.com
Y todas las casas y todas las vidas
Y todas las ruedas de los simones que giraban como torbellino
/por el pésimo empedrado
Habría querido moler todos los huesos
Y arrancar todas las lenguas
Y licuar todos esos grandes cuerpos extraños y desnudos bajo
/sus ropas que me hacían enloquecer...
Presentía la venida del gran Cristo rojo de la revolución rusa...
Y el sol era una maldita llaga
Que se abría como una hoguera.
En aquel tiempo estaba en plena adolescencia
Tenía dieciséis años y había olvidado mi infancia
Me encontraba en Moscú, donde quería alimentarme de llamas
Y no tenía bastante con los campanarios ni con las estaciones
/que constelaban mis ojos
En Siberia tronaba el cañón, era la guerra
El hambre el frío la peste el cólera
Y las aguas cenagosas del Amur arrastraban millones de carroñas
En todas las estaciones veía marcharse los últimos trenes
adie más podía irse en ellos porque ya no vendían billetes
Y los soldados que partían con gusto se habrían quedado...
Un anciano monje me cantaba la leyenda de Novgorod.
Yo, el mal poeta que no quería ir a ninguna parte, podía
/moverme a mi antojo
Y lo mismo los comerciantes que tenían todavía bastante dinero
Para ir a tratar de hacer fortuna.
Su tren salía cada viernes por la mañana.
Se decía que había por allí muchos muertos.
Uno llevaba cien cajas con despertadores y relojes de cuco de
/la Selva Negra
Otro, sombrereras, cilindros y un surtido de tirabuzones de Sheffield
Otro, ataúdes de Malmoë repletos de latas de conserva y de
/sardinas en aceite
También había muchas mujeres
Mujeres con entrepiernas de alquiler que igualmente podían servir
De ataúdes
Eran muy competentes
Se decía que había por allí muchos muertos
Todas ellas viajaban con tarifa reducida
Y tenían todas ellas una cuenta corriente en el banco.
Entonces, un viernes por la mañana, por fin me llegó el turno
Fue en diciembre
Partí como compañero de un viajante de joyería que iba hasta Jarbine
Teníamos dos compartimentos en el expreso y 34 cofres con
/bisutería de Pforzheim
Baratijas alemanas “Made in Germany”
Él me había vestido con ropa nueva, y al subir al tren perdí un botón
—Lo recuerdo, lo recuerdo, he pensado a menudo en ello después—
Dormía encima de los cofres y estaba muy contento por poder
/jugar con la browning niquelada que también él me había dado.
Era feliz sin preocupaciones
Creía estar jugando a bandoleros
Habíamos robado el tesoro de Golconda
E íbamos, gracias al transiberiano, a esconderlo al otroextremo del mundo
Yo debía defenderlo de los bandidos de los Urales que habían
/atacado a los saltimbanquis de Jules Verne
De los Junguzes, de los bóxers de China
Y de los furiosos mongoles enanos del Gran Lama
De Alí Babá y los cuarenta ladrones
Y de los secuaces del terrible Viejo de la Montaña
Y sobre todo, de los más modernos
Las ratas de hotel
Y los especialistas en expresos internacionales.
Y sin embargo, y sin embargo
Estaba triste como un niño
Los ritmos del tren
La “médula ferrocarril” que llaman los psiquiatras americanos
Los ruidos de las puertas de las voces de los ejes chirriando
/sobre los raíles congelados
El ferlín de oro de mi futuro
Mi browning el piano y los tacos de los tahúres en el
/compartimento contiguo
La asombrosa presencia de Jeanne
El hombre de las gafas azules que se paseaba nerviosamente por
/el pasillo y me miraba al pasar
Roces de mujeres
Y el silbido del vapor
Y el ruido eterno de la locura de las ruedas sobre los carriles del cielo
Los cristales con escarcha
¡Nada de naturaleza!
Y al otro lado, las estepas siberianas el cielo cubierto y las
/grandes sombras de los Melancólicos que suben y bajan
Me arropé con una manta de viaje
Multicolor
Como mi vida
Y mi vida no me calienta más que este chal
Escocés
Y ni Europa entera divisada por la ventanilla de un expreso a toda máquina
Es más rica que mi vida
Mi pobre vida
Este chal
Deshilachado sobre los cofres repletos de oro
Con los que viajo
Encima de los que sueño
Encima de los que fumo
Y la única llama del universo
Es una vaga idea...
Del fondo de mi corazón las lágrimas acuden
Si pienso, Amor, en mi amante;
No es más que una niña, a quien hallé así,
Pálida, inmaculada, en lo recóndito de un burdel.
No es más que una niña, rubia, risueña y triste,
No sonríe y jamás llora;
Pero en lo hondo de sus ojos, cuando te deja beber en ellos,
Tiembla un dulce lirio de plata, la flor del poeta.
Es dulce y callada, no hace reproches,
Y se estremece mucho si alguien se le acerca;
Pero cuando yo regreso de cualquier sitio, festivo,
Ella da un paso, luego cierra los ojos—y da un paso.
Porque ella es mi amor, y las otras mujeres
Sólo llevan vestidos de oro sobre cuerpos en llamas,
Mi pobre amiga está tan desvalida,
Toda desnuda, sin cuerpo— es demasiado pobre.
No es más que una flor cándida, endeble,
La flor del poeta, un pobre lirio de plata,
Aterida, sola, y ya tan marchita
Que las lágrimas acuden a mí si pienso en su corazón.
Y esta noche es igual que otras cien mil noches en las que el
/tren se adentra en la noche
—Los cometas caen—
Y en las que el hombre y la mujer, jóvenes aún, se entretienen
/haciendo el amor.
El cielo es como la lona desgarrada de un circo miserable en un
/pequeño pueblo de pescadores
De Flandes
El sol es un humeante quinqué
Y en lo alto de un trapecio una mujer hace de luna.
El clarinete el cornetín una flauta áspera y un mal tambor
Y he aquí la cuna de mi infancia
La cuna de mi infancia
Estaba siempre junto al piano cuando mi madre como Madame
/Bovary tocaba las sonatas de Beethoven
He pasado mi infancia en los jardines colgantes de Babilonia
Y haciendo novillos por las estaciones delante de los trenes a punto de salir
Hasta el día de hoy he hecho correr a todos los trenes detrás de mí
El Basilea Tombuctú
También he jugado en las carreras de Auteuil y de Longchamp
El París Nueva York
Hasta el día de hoy, he hecho correr a todos los trenes a lo largo de mi vida
El Madrid Estocolmo
Y he perdido todas mis apuestas
Sólo queda la Patagonia, la Patagonia, que se adecúa a mi
/inmensa tristeza, la Patagonia, y un viaje por los mares del Sur
Estoy en camino
Siempre he estado en camino
Estoy en camino con la pequeña Jeanne de Francia
El tren da un salto mortal y cae otra vez sobre sus ruedas
El tren cae otra vez sobre sus ruedas
El tren cae siempre otra vez sobre sus ruedas
“Blaise, dime, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Estamos lejos, Jeanne, llevas siete días viajando
Estás lejos de Montmartre, de la Colina del Sacré Coeur que te
/amamantó y en la que te acurrucabas
París ha desaparecido y de su enorme brasa
Sólo restan ininterrumpidas cenizas
La lluvia que cae
La turba que crece
La Siberia que nos rodea
Los pesados mantos de nieve extendidos
Y el cascabel de la locura que tintinea como un último deseo en el aire
azulado
El tren palpita como un corazón en el horizonte plomizo
Y tus penas se burlan de ti...
“Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Las inquietudes
Olvida las inquietudes
Todas las estaciones agrietadas oblicuas al camino
Penden de los hilos telegráficos
Y los postes que hacen muecas y gestos las estrangulan
El mundo se estira se alarga y se encoge como un acordeón que
/una mano sádica atormenta
Por los desgarrones del cielo, por sus orificios, las
/locomotoras enfurecidas
Huyen
Las ruedas vertiginosas las bocas las voces
Y los perros del infortunio que ladran pisándonos los talones
Los demonios desencadenados
Chatarras
Todo es un acorde sin afinar
El brun run run de las ruedas
Choques
Percusiones
Somos una tormenta en el cráneo de un sordo...
“Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Sí, me pones nervioso, ya sabes que sí, que estamos muy lejos
La locura recalentada muge en la locomotora
La peste el cólera se alzan como rescoldos ardientes a nuestro paso
Nos esfumamos en plena guerra dentro de un túnel
El hambre, esa puta, se agarra a las nubes en desbandada
Los muertos en montones hediondos el estiércol de las batallas
Haz como el hambre, haz tu oficio...
“Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Sí, lo estamos, lo estamos
Todos los chivos expiatorios han reventado en este desierto
Escucha las esquilas de ese rebaño sarnoso Tomsk
Tcheliabinsk Kainsk Obi Taichet Verkné Udinsk Kurgan Samara
/Pensa Tuluna
La muerte en Manchuria
Es nuestro andén es nuestro último refugio
Este viaje es terrible
Ayer por la mañana
Iván Ulich tenía los cabellos blancos
Y Kolia Nikolai Ivánovich se muerde los dedos desde hace quince días...
Haz como la Muerte como el Hambre haz tu oficio
Eso que te cuesta un rublo en el transiberiano cuesta cien
Llena de pasión los asientos y avergüénzate después debajo de la mesa
El diablo está al piano
Sus dedos nudosos excitan a todas las mujeres
La Naturaleza
Las Gubias
Haz tu oficio
Hasta Jarbine...
“Dime, Blaise, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Otra vez... déjame en paz... déjame tranquilo
Tienes las caderas angulosas
Tu vientre es ágrio y padeces de sífilis
Eso es todo cuanto París ha puesto bajo tus faldas
También ha puesto un poco de espíritu... por eso eres desgraciada
Te compadezco te compadezco ven a mí ven a mi corazón
Las ruedas son los molinos de viento del país de Jauja
Y los molinos de viento son las muletas que un mendigo hace girar
Somos aquéllos a quienes han amputado el espacio
Caminamos sobre nuestras cuatro heridas
Nos han cortado las alas
Las alas de nuestros siete pecados
Y todos los trenes son los juguetes del demonio
Un corral
El mundo moderno
La velocidad no puede remediarlo
El mundo moderno
Los horizontes están demasiado lejos
Y al cabo del viaje es terrible ser un hombre con una mujer...
“Blaise, dime, ¿estamos muy lejos de Montmartre?”
Te compadezco te compadezco ven a mí voy a contarte una historia
Ven a mi cama
Ven a mi corazón
Voy a contarte una historia...
¡Ven! ¡Ven!
En las Fidji reina la eterna primavera
La pereza
El amor extasía a las parejas en la hierba sin segar y la cálida
/sífilis merodea bajo los palmerales
¡Ven a las islas perdidas del Pacífico!
Llevan por nombre Las Fénix, Las Marquesas
Borneo y Java
Y Las Célebes con forma de gato.
No podemos ir al Japón
¡Ven a México!
En sus altas planicies florecen los tuliperos
Las lianas tentaculares son la cabellera del sol
Parece la paleta y los pinceles de un artista
Con colores que aturden como campanas,
Rousseau estuvo allí
Y cegaron su vida
Es el país de los pájaros
El pájaro del paraíso, el ave lira
El tucán, el sinsonte
Y el colibrí que anida en el corazón de los lirios negros
¡Ven!
Nos amaremos entre las ruinas majestuosas de un templo azteca
Tú serás mi ídolo
Un abigarrado ídolo infantil un poco feo y bizarramente extraño
¡Ven!
Si quieres iremos en avión y sobrevolaremos el país de los mil lagos
Allí las noches sin increíblemente largas
Al antepasado prehistórico lo asustaré con mi motor
Aterrizaré
Y construiré un hangar para mi avión con los huesos fósiles de un mamut
Y el fuego primitivo calentará nuestro pobre amor
Samovar
Y nos amaremos muy burguesamente cerca del polo
¡Ven!
Jeanne Jeannette Ninette La De Los Dos Limones niní ninón
Cariño miamor minovia mipotosí
Dodó dondón
Chupa mi bombón
Corazoncito querido
Gallinita
Cabrita adorada
Mi pecadito
Cuclillo
Coñito
Ya duerme
                  (Contimuar leyendo aqui, PROSA DEL TRANSIBERIANO, donde lo podreis descargar el poema completo)